Hace más de un año que quiero volver a escribir. Dejé de escribir, y ya. Explicar por qué sería sumamente aburrido y
rayano en la auto conmiseración.
Tengo una amiga. De
las pocas que me quedan ya. Algunas de
las personas que la conocen, se refieren a ella como “tu amiga la loca”. Es la persona más cuerda que conozco. Básicamente es una persona definible como no bullshit girl. Cuando era niña, me contó la última vez que
la vi, tocaba el piano. Tomó lecciones
desde los 8 hasta los 16 años. Después
armó la rebelión y dejó de tocar. Hace
un año lo retomó. Es difícil tocar el piano. Me ayudó a intentarlo y me salvé por muy poco
de ser ahorcada, claro, por ella misma.
Pero lo intenté. El año anterior
que la visité le dije lo mismo que este año: “yo quisiera volver a escribir”. Me dice, con su tono no frills, no bullshit: “pues vuelve a escribir”. No shit, Sherlok. Me responde, obviamente, siempre tiene una
respuesta para todo: “lo que tienes que hacer es dedicar una hora, a escribir, todos
los días, aunque no escribas, pero tiene que ser algo relacionado con escribir,
puedes leer, o ver cosas que te inspiren, o agarra una historia y destrózala,
hazla diferente, modifícala un poco”.
Mi amiga dedica todos los días una hora a su música. Escucha música, hace sus ejercicios, o fuma,
toma cerveza y toca un poco el piano para mí, al menos ese día fue así. Hoy tengo mucho trabajo. Me doy cuenta que sigo escribiendo, pero ya
no escribo historias o pequeños comentarios.
Ahora escribo planes de estudio, introducciones y contenidos de unidades
temáticas, e instrucciones para ejercicios de materias en línea. Mi único “público” agradecido es mi
coordinador, que amablemente me dice “ay maestra, ya leí sus introducciones, me
dan ganas de tomar sus materias, hace que suenen hasta divertidas, y eso que
soy ingeniero”.
Hoy tendría que estar escribiendo un texto que convenza más
allá de toda duda a un alumno cuya cara no conoceré hasta el primer examen
parcial, de que el mundo de la administración de ventas es tan apasionante que
debería dedicar no solamente 14 increíblemente aburridas semanas al tema, sino
toda su vida. Llevo cinco meses
intentando escribir ese texto y no lo he logrado, el tiempo apremia, y decidí
recurrir a los viejos trucos, y las viejas canciones para tener un poco de
aislamiento. Problema. Escuchando esas canciones me di cuenta que
las palabras que solía encontrar para mis escritos estaban ahí, pero ya no
podía verlas, no podía escucharlas, ya no venían a mí. Y me acordé de mi amiga, y de la hora, y del
piano, y del café.
Ahí te va mi primera hora, Cecilia, desarticulada. Llena de pequeñas frases, que suena un poco a
Postal Service, Such Great Heights. Te
quiero. Un abrazo.
