Hace ya varios años, a mí me parecen mucho, una persona me dijo que yo era el dragón por el cual tenía que pasar para llegar hasta su princesa (que obviamente no era yo), y así encontrar al amor de su vida. En su momento me reí, o no se lo tomé a mal, siempre me han fascinado los dragones. Sin embargo, tristemente sucedió simplemente así. Como si fuera un dragón, lo hice pasar pruebas de fuego, y cual si fuera uno de estos engendros, cuando conversaba con sus amigos sobre mí, al menos en una ocasión en la que yo pude constatarlo, no tenía nada bueno qué decir de mí, y sí muchas cosas malas. Esto que decía era "que no se entere porque se va a enojar", como si fuera un dragón que escupe fuego en efecto. Qué lo llevó a mostrarme esa conversación, no lo sé, no recuerdo tampoco si me enojé en ese momento, pero hasta la fecha tengo rota esa parte de mi corazón.Aún cuando quiera ser la princesa, invariablemente termino siendo el dragón. Los príncipes terminan intentando defenderse de la amenaza, huyendo despavoridos o rompiéndome el corazón y encontrando su princesa.
Hely tiene sus propias ideas al respecto, mismas que no me quedan del todo claras aunque ayer hizo un gran esfuerzo por explicarme. Aparentemente algo tienen que ver con la historia del Sapo y la Princesa. Espero que no sea la versión de Disney porque no la he visto (ni tengo ganas de verla). Me dice que la cuestión es que se le permita al sapo "el beneficio de la duda" de que quizá, sólo quizá, es un príncipe. Si la princesa no hubiera creído que el sapo podía ser un príncipe, nunca lo habría besado, dice Hely.
Supongo que es necesario encontrar la forma de que alguien me vea como princesa y no como dragón. Al menos un rato sería lindo. Si están pensando en Shrek se pueden ir mucho a la chingada. Ni siquiera el burro quería a su dragona, huía de ella en una de las películas ¿recuerdan?



