Fotos. De la entrevista en el corporativo donde me citaron a las 8, llegué a las 7:30, y la persona que iba a entrevistar llegó al cuarto para las 10 de la mañana.Hace mucho tiempo imaginaba mi vida. Me gustaba ver los grandes edificios, todos de cristal y aluminio resplandecientes. Viviría en un gran departamento, en un penthouse, lleno de cristal y aluminio. Trabajaría en un gran corporativo, lleno de cristal y aluminio.
Mientras caminaba, esperando a que me llamaran para la entrevista, encontré una librería, llena de cristal y aluminio, resplandeciente. Los libros, más parecen parte de la decoración de algún bar de "concepto" que golosinas a la venta. No me atreví a entrar, me sentí fuera de lugar, mal vestida, chamagosa. Ya no me atreví a entrar al mundo donde quería estar. Ahora sueño con una casita en el campo, pequeña, o en la ciudad, pero con mucho jardín. Sueño con trabajar con la gente, la que no vive en esos grandes corporativos. Yo sólo me disfrazo de oficinista, para pasar por uno de ellos. Entro un momento en su vida.
En la sala de espera del corporativo, me siento a observar a la gente. Va y viene atareada, de prisa. Los edificios ahora me parecen hormigueros. Quizá haya alguien afuera que les observe atareados desde el otro lado del cristal. Yo. Me causa ansiedad, me da claustrofobia. Salgo, tomo fotografías. Regreso a esperar. Me causa ansiedad, tanto ir y venir de gente, tantos trajes, tantos tacones. Vistas impactantes de la ciudad que las personas que habitan estos espacios ya ni siquiera se dignan a observar lo que hay a sus espaldas. Salgo, busco algún lugar al aire libre. Me pongo a escuchar las conversaciones simples, de la gente que está atrapada ahí, la gente que hace la limpieza, para que el cristal brille, el aluminio resplandezca. Respiro.


