Se dice por ahí, tanto que ya se ha converitdo casi en un box populi, que la vida se mueve en espirales. A veces son pequeñas, y las cosas regresan rápido, otras veces pasa tanto tiempo que nos olvidamos por completo de aquello que ya habíamos vivido la misma situación pero en algún otro momento. Algunos buscamos reencontrar esa espiral. Llevo más de un año sin escribir, me refiero a cuentos y relatos. He intentado un par de veces retomarlos, pero no lo he logrado. Los tiempos de sequía, o de bloqueo de escritor que había tenido antes, eran eso, ahora se confunden con toneladas de cosas por hacer, reales o inventadas, más miedos que nunca, sobre la coherencia o pertinencia o calidad o como quieran llamarle, de lo que escribo, dudas y pretextos.
Algo debe pasar. Tiene ya un par de años que no logro terminar de escribir las cosas, de darles fin, de concluirlas. En la escuela, en el trabajo, en la vida. Simplemente regreso a la mitad o al principio de la espiral, pero no la cierro, no da la vuelta, no la abandono. De entre todos los pendientes, todas las cosas inconclusas, debo al menos terminar una historia.
No es que fuera uno de los grandes misterios de la vida, pero descubrí hace un par de meses que estoy un poquito loca, así que decidí ir con alguien que me pusiera la cabeza en órden. La verdad sea dicha, cada vez está más en desorden. Recurrentemente me dice que tengo que encontrar la razón por la que me siento así o asado. Es tanta mi evasión que por lo general termino enojada, y exigiendo una solución, más que una causa. Bien nos han entrenado, a ser solucionadores de problemas y no buscadores de causas. Si no me equivoco eso es lo que propone el psicoanálisis, a grandes rasgos, encontrando las causas profundas del problema, éste se soluciona. Todo lo demás son mamadas (perdón por el francés), según ellos. La otra parte de la teoría dice que simplemente hay que sentarse y hacer las cosas. Yo me siento y no las hago, y volvemos a lo mismo ¿por qué me cuesta tanto trabajo? Todo se reduce, comienzo a creer, al miedo, y todos tenemos miedo. ¿Se puede tener miedo al vacío? Creo que en alguna descripción del barroco escuché esa frase, que esos artistas tenían miedo al vacío, por eso atiborraban todo con garigoles y angelitos cachetones.
Quisiera terminar mis pendientes y ponerme a escribir.
Qué poco viven las mariposas.

