miércoles, 14 de abril de 2010

Notas

Que el tango había de ser llevado de Francia a un país latino, que no sólo tenía que ver con la ubicación geográfica, si no con una cuestión más allá.  Que el tango tenía que ser llevado a un lugar donde la racionalidad no había alcanzado a tocar a fondo el sexo, una lógica del pensamiento que buscaba erradicar la magia, convirtiéndolo en una simple transacción, monetaria y de fluidos corporales, un simple rato libre.  Que el tango, para que cobrara sus proporciones majestuosas, tenía que nacer verdaderamente al cobijo de una cultura donde el sexo tenía todavía algo de ritual, algo de madre tierra, algo místico y ancestral, una sexualidad desbocada cuya brida se componía de los recortes, distancias obligadas y ritmos cortados del tango, y que se desbocaba en el fuego a la media noche, la hoguera de un ritual de adoración divina.  

Notas para Mercenarias y Mecenas, antes que se me olvide. 

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