La anécdota de la que se deriva esta diatriba es la siguiente: me tocó el día de hoy acompañar al compañero de oficina con quien siempre voy a comer a la escuela por su hijo. El niño (solito) es bastante adorable, tendrá cosa de 5 años, es tranquilo, educado, bastante obediente (as far as I've seen). Todo iba bien hasta que se encontró con otros dos niños (de 7 y 8 años de edad) en el área de juegos. El diálogo se llevó a cabo más o menos de la siguiente manera.
N1: Yo tengo todos los Transformers (N.T. de la cajita feliz).
N2: ¿Ah sí? Pues yo tengo todos los Transformers y aparte los monitos de Jalo (así dijo, lo juro).
*inserte aquí ojos furiosos de la mamá*
N3: Sí *mirando a la mamá* los monitos de Jeilo (Halo).
*inserte aquí suspiro de relajación de la mamá* <--- se justificaron los 40 mil pesos que ha pagado en clases de inglés para sus engendritos.
N1: Pues yo tengo a Dart Bader.
N2: Pues yo tengo un juego de sombis que mi papá echó a perder.
N3: Si y yo también.
Papá 1: ¿Tú también tienes un juego de zombies?
N3: No, yo también lo eché a perder, es que le piqué mal, y también al de los piratas.
Hasta el momento la conversación se lee inofensiva, ahora imaginen esa misma conversación comenzando con N1 a unos 50 decibeles, y terminando a unos 70dB en un espacio de 5 x 5 metros, seguida por media hora interminable de risas a todo pulmón en ese mismo espacio cerrado. Lo que le agradezco al cielo es que no se haya caído ninguno de los escuincletes. ¿El kit de paternidad Mi Alegría viene con tapones para los oídos o cómo funciona el desmadre este? El cielo nos ampare.

Qué horror, eso supera el miedo a las masas idiotas (cúmulo de personas por x razón).
ResponderEliminarLos niños son de temer, te pueden dejar sordo en segundos o peor, te pueden pegar y sin sentir ningún remordimiento por ello, aunque te hayan hecho sangrar, pero tú no les puedes pegar porque luego la mamá se te echa encima hecha una fiera (señora, por dió eduque a su bestia). La verdad, les tengo mucho miedo.
Pero les tengo más miedo a sus mamás, esas que los dejan hacer berrinches en la calle, destruir cosas y todavía se ponen a reír como si el chiquillo hiciera algo "bonito".