Uno de estos días, se celebra a los maestros, creo que es el próximo domingo pero no me hagan mucho caso.
Hace tiempo en un programa de radio que escucho con frecuencia, explicaban algunas de las deficiencias del sistema educativo mexicano, no sólo a nivel básico, tema del que hemos oído hasta el cansancio, sino a nivel licenciatura y posgrado. Dijeron algo que me llamó mucho la atención sobre la preparación de los profesores: nadie los enseña a ser profes.
Supuestamente, explicaban en el programa, el grado de Maestría fue diseñado para que un profesionista fuera capaz de convertirse en "maestro" de su disciplina. Maestro en el sentido de dominio, y maestro como profesor. El doctorado estaba diseñado para formar investigadores, que sí, podrían impartir un par de clases pero no debería abarcar la mayor parte del tiempo de su actividad.
El problema es que al graduarse los profesionistas del grado de licenciatura, éstos no encuentran trabajo y la opción que terminan por tomar es la de impartir clases a nivel preparatoria o licenciatura. El problema con esto no es sólo la falta de preparación en el aula de estas personas, sino que no tienen tampoco experiencia suficiente en su disciplina, si no que además son profesores desmotivados. Habrá alguno que logre rescatar el entusiasmo por enseñar, pero son los menos.
Estudiar el grado de maestría podría ayudar a conseguir un mejor empleo, y finalmente es lo que sucede, las personas que optan por este grado de estudios lo hacen buscando una mejor remuneración o condiciones de trabajo. Del doctorado ni se diga, los doctores ahora fungen como profesores y la investigación...bien gracias, en especial en lo que se refiere a las "Humanidades" y las mal llamadas "Ciencias Sociales".
Al final, el tema es ¿quién nos enseña a ser maestros? Nadie. Al primero que me mencione la palabra "pedagogía" le voy a sacar los ojos por las orejas. Estudiar "pe-da-go-gí-a" no te enseña a enseñar.
Yo empecé a dar clases desde los 15 años. Primero dando asesorías y clases de regularización a chicos de secundaria y un par de clases de inglés. Después aprovechaba cada taller, foro y conferencia que había para estar ahí al menos de curiosa, organizadora u oyente. Mi primer clase en aula y frente a grupo fue hasta la maestría y fue muy divertida. No se trataba de una clase "de contenido", sino de un taller. Algo sucedió que quedé enamorada de ese formato de clase.
He pasado por varias materias de clase: mercadotecnia, administración, administración del conocimiento, metodología, epistemología (diujh), hasta pequeñas asesorías en un Starbucks sobre cómo escribir ensayos; pero un día afortunado me llamaron para dar una clase que se llamaba: estrategias de aprendizaje. Se trata de una clase que tiene como propósito reintroducir a una persona que ha dejado de estudiar por un largo periodo de tiempo a la dinámica, técnicas y ejercicios que se realizan en un salón de clases. Al principio fue un verdadero desastre, pero esta es la tercera vez que la impartí. Ayer, precisamente fue mi última clase con este grupo, que por razones de trabajo no logré concluir. Me llevó tres sesiones completas "soltarlos". No sé si sería el grupo o el dominio que logré de los contenidos de la clase, o el formato, un poco Montessori un poco salón de clases tradicional, pero algo sucedió que logré literalmente soltar a los alumnos (mis niños), y se metieron en mi vida y yo me metí en la suya.
Si alguien me ha enseñado a enseñar, fue ellos, que espero hayan aprendido a aprender, aunque sea poquito. Aprendí de ellos que cualquiera que se para frente a un salón de clases enseña algo, y lo más valioso que puede darles es: su pasión por la disciplina, su pasión por la vida y su pasión por los alumnos. Una persona que no ama lo que enseña y lo que hace, no tiene nada que estar haciendo ahí en frente. Lo más divertido es que no importa qué tan cansado, desmotivado o enojado puedas llegar a tu salón de clase, los mismos alumnos te van a levantar. Llegué a tal grado de compromiso con el grupo que me gané el apodo de "Maestra Jimena" de uno de mis compañeros de trabajo. No lo pude evitar, simplemente no podía dejarlos. Una de mis alumnas hasta me tejió una bufanda. Fue una linda y triste despedida.
Ahora, mi reto es enseñar a los profesores a enseñar, ¿y eso cómo lo hacemos si yo nunca me di cuenta en qué momento aprendí?
Feliz día del maestro a todos aquellos que le han enseñado algo a alguien.

Yo recibí asesorías en el Starbucks :D
ResponderEliminarJajaja sí, y fuera de lo del cardenal y el Cardenal no sé qué de todo lo que te dije ese día te haya servido, pero nos divertimos bastante.
ResponderEliminarFeliz día :3
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